Hacia dónde lleva el enojo, la cara larga y el reproche

Muchas personas viven enojadas, siendo que cualquier cosa termina siendo un buen motivo para discutir o para enfurecerse. Con certeza esta es una actitud que no ayuda a vivir y tampoco favorece a la convivencia.

El enojo solo lleva a más enojo, alimentando así las cadenas de la bronca y las discusiones. Todo esto sin contar la amargura y el dolor que este círculo puede ir generando.

A través del enojo, la cara larga y el reproche cotidiano es imposible construir, pero sin embargo, es sumamente fácil de ir destruyendo todo lo que costó tiempo para conseguir.

Si nuestra mente se ve dominada por el enojo, estamos desperdiciando la mejor parte del cerebro humano, que es la sabiduría, la capacidad de diferenciar y discernir las cosas; lo que finalmente nos llevará a poder decidir lo que está bien y lo que está mal, simplemente porque nos vemos dominados por el enojo.

No tenemos en esencia un espíritu de miedo, sino de amor, de coraje y de buen juicio. Que esto sea lo que prime en nuestra vida, hoy, mañana y siempre.

Frenar un enojo es posible, pero hay que estar dispuesto a pensar las cosas, antes de actuar por impulso y sin mediar la sabiduría.

Instrucciones para subir una escalera

En el transcurso de la vida nos solemos enfrentar con desafíos y situaciones difíciles y una imagen atinada para graficarlo, podría ser una escalera a la que debemos subir.

Vamos a detenernos justamente en ese ejemplo.

Cuando nos acercamos a la escalera, puede suceder que, al observarla en toda su dimensión, no tengamos ganas de hacerlo y prefiramos subir por un ascensor.

El problema es que no siempre los edificios tienen ascensores y entonces no nos queda otra que disponernos a ocupar la escalera.

Frente a esa realidad y la necesidad de hacerlo, es más que obvio que no tiene ningún sentido quedarnos mirando los escalones, porque en ese caso jamás vamos a lograr aquello que queremos.

Para hacer que las cosas sean posibles, hay que tomar conciencia que, así como la escalera puede ser vista en su conjunto, también podemos descubrir que ella tiene escalones y son justamente ellos los que nos van a permitir avanzar, de a uno, hasta llegar a la meta.

El ejemplo de la escalera es un buen símbolo que nos ayuda a observar los desafíos que la vida nos presenta, casi cotidianamente. El mismo aprendizaje que podemos encontrar en una cosa tan sencilla como el hecho de subir una escalera, nos puede servir para las cosas que a veces son complejas, y otras tantas que nos quitan el ánimo y la voluntad.

Sólo si observamos los peldaños y comenzamos a subir los escalones, vamos a ir llegando a la cima, con los problemas es igual. Sólo se puede pasar por arribe, si tenemos en cuenta estas sencillas instrucciones para subir una escalera.

¿Se puede vivir de los recuerdos?

Dicen que no se puede vivir de los recuerdos; sin embargo, hay algunos que nos llenan de vida, trayendo a nuestra memoria cosas bellas, momentos vividos, situaciones compartidas y circunstancias que nos llenan de nostalgia.

De ese modo, al recordarlas, hacemos tal como si ellas volvieran a ser una realidad, aunque sea por unos instantes.

La palabra recordar viene del latín “recordari”. Re, significa nuevo y cordis, corazón. Por ello, recordar significa mucho más que tener presente en la memoria, porque significa “volver a pasar por el corazón”.

Así, si le decimos a alguien que lo estamos recordando, en realidad le estamos diciendo que lo estamos volviendo a pasar por nuestro corazón.

De ese modo, los recuerdos no son sólo algo mental, sino que atraviesan nuestro cuerpo.

La vida no es el libro que se termina al culminar una etapa. Simplemente son capítulos finalizados para comenzar nuevas experiencias, para realizar lo que antes no se pudo.

El destino no está tallado en piedras, ni nadie lo marca con tinta indeleble, somos nosotros los que decidimos, los que trabajamos en el presente para construir nuestro futuro.

No se puede vivir de recuerdos, pero lo cierto es que se puede vivir recordando las cosas bellas y lo que se puede volver a pasar por el corazón.

Valorar las cosas una vez perdidas

Dicen que muchas cosas se valoran recién cuando se las perdió.

Si eso ocurre, viene el arrepentimiento y los auto cuestionamientos sobre los “por qué” del desenlace.

Cierta vez una familia de campesinos, cansada de todo, tomó la decisión de vender su campo. Entonces le pidió a un vecino poeta que le escriba algún anuncio atractivo, que pudiera servir para realizar una venta rápida.

El artista entonces escribió un anuncio que decía: “vendo un pedacito de cielo, adornado con bellas flores y verdes árboles, hermosos prados y un cristalino río, con el agua más pura que jamás haya visto”.

Unos días después, el poeta tuvo que viajar por algunas semanas y al  regresar creyó que le tocaría conocer a sus nuevos vecinos; sin embargo, se encontró con que la familia que le había pedido el poema aún no se había ido.

El escritor entonces les consultó por qué la propiedad no se había podido vender, a lo que el campesino respondió que ya no estaban con ganas de marcharse y que gracias a él se habían dado cuenta de lo que tenían en sus manos.

No hay que esperar a que nos visite un poeta para aprender a valorar las cosas valiosas de la vida. A veces basta con tener muchos ojos y un corazón dispuesto.

¡Se puede elegir vivir en paz!

Cierta vez le preguntaron a un científico sobre algún arma poderosa capaz de contrarrestar la bomba atómica, a lo que el hombre respondió que esa arma existe y se llama paz.

Frente a la violencia y cuando equivocadamente creemos que se puede terminar con ella a través de la misma violencia, la paz se muestra cómo único modo efectivo de construir un mundo más habitable.

Paz, no es sólo ausencia de guerra, sino también bienestar, alegría y que tiene en Dios sustento y garantía.

La paz es una elección que se puede hacer todos los días aun cuando nos quieren hacer creer que la violencia y el exterminio del otro es un camino posible. La paz es una opción que hay que buscar para construir un mundo mejor.

Dos días que no se puede hacer nada

¿Podemos darnos cuenta a qué nos estamos refiriendo?

No vale la pena ensayar una respuesta que contemple alguna fecha en especial, como algún feriado u ocasión festiva. Tampoco tiene sentido imaginar que se trate de nuestra fecha de cumpleaños o algo similar.

Sin embargo, los únicos dos días en los que no se puede hacer nada son “mañana” y “ayer”

Mañana, porque aún no llegó y ayer porque ya transcurrió.

Por lo tanto, hoy es el día para hacer, amar, luchar, vivir, planificar, besar, abrazar, crear. Hoy también es el día para remediar, con actitudes y hechos, aquello que ayer quedó pendiente o resultó mal hecho. Hoy además es el tiempo para empezar a caminar hacia aquello que deseamos para mañana.

La derrota como escuela

Vivimos inmersos en una lógica triunfalista, en la cual se cree implícitamente que hay que ganar a cualquier precio, mientras que perder es sinónimo de fracaso.

Sin querer, nos dimos el lujo de olvidar que se aprende más de las derrotas que de los triunfos. Un deportista que sólo triunfa, mal conocerá el sabor de ganar, si jamás ha conocido el gusto de las lágrimas de no haber conseguido los objetivos.

Si bien nadie desea fracasar, se hace necesario abrir el corazón a la sabiduría para que el dolor y la frustración de no haberlo logrado, se transforme en una escuela que nos ayuden a valorar los éxitos que vendrán.

Nadie está a salvo de alguna derrota y a veces es mejor tener que retroceder en la lucha por nuestros sueños, que ser derrotado sin tener en claro cuál es la razón de nuestra búsqueda. Lo importante no siempre es triunfar, sino saber hacia dónde estamos yendo.

El camino de los sueños no debe verse opacado por el triunfalismo. Más que vivir obsesionados por el triunfo en los diferentes aspectos, quizás sea más importante que cada vez que nos toque caer, haya quien sea capaz de ayudarnos a levantar.

¿Cómo resolver los problemas?

Quienes estudian las conductas humanas dicen que un modo de definir a las personas es viendo cómo actúan frente a los problemas.

Mientras que algunos caen abatidos y no hacen nada, otros sin embargo tratan de buscar la punta del ovillo. La cuestión no es encontrar la solución, sino la actitud que uno tiene frente a la vida y los problemas.

Ante la realidad de que muchos no saben qué hacer frente a las dificultades, desde la psicología se proponen algunos elementos que conviene tener en cuenta, ya que aún cuando haya quienes enfrenten los problemas de modo más pro activo, a nadie la agrada vivir en dificultades.

Si bien es más profundo de lo que uno podría tratar en un diálogo tan corto, los estudiosos proponen cinco pasos para buscar la resolución de los problemas.

En primer lugar, hay que identificar el problema, luego describirlo y analizar su causa. En cuarto lugar es necesario analizar las diferentes soluciones opcionales, lo cual permitirá tomar decisiones, para finalmente establecer un plan de acción, que nos permitirá saber qué cosas debemos hacer y cuál es el momento adecuado para su aplicación.

El modo de tratar de resolver los problemas siempre habla de nosotros y de nuestra actitud en la vida. Los problemas que tenemos hoy, jamás pueden ser resueltos si seguimos pensando de la misma manera que cuando esos problemas surgieron.

Los grandes cambios se dan con pequeños gestos

Cuando uno observa situaciones frente a las cuales nos sentimos impotentes, nos solemos paralizar y creer que no hay nada para hacer al respecto.

Sin embargo, hay que tener bien en claro que todos los cambios solamente son posibles si comenzamos a hacer que eso vaya ocurriendo. Así como un niño que comienza a caminar va dando pasos, los problemas se pueden resolver haciendo lo mismo.

En cierta oportunidad el músico misionero Joselo Schuap, conocido por su defensa al medio ambiente y en particular del agua, se encontraba en una escuela de Alemania y aún sin hablar el idioma, lograba entenderse con los niños a través del lenguaje del arte.

Al finalizar la presentación, una niña se acercó y le ofreció una moneda de un euro, diciéndole que era su contribución para que él pudiera continuar cuidando el agua del planeta.

Ese gesto puede ser visto como algo inocente, sin embargo, significó un importante testimonio de apoyo para la causa que Joselo lleva adelante hace más de 10 años.

¿Se puede salvar el agua del mundo con una moneda de un euro? La respuesta es sí, pero primero quizás nos hace falta estar dispuestos a hacerlo.

Cuando tus sueños te sorprenden

Suele ponernos muy mal el hecho de darnos cuenta que lo que esperamos demora demasiado en ocurrir.

Hay quienes anhelan mejorar ciertas cosas de su vida y creen que eso nunca sucederá. Otros desean conseguir algo y se frustran cuando eso demora en ser una realidad. Muchos, al tener que hacer siempre lo mismo, suponen que no tienen motivos para alegrarse o celebrar.

Sin embargo, nada de eso debe desesperar, porque las mejores cosas en la vida llegan en los momentos en que menos las esperamos.

Así como cuando hemos perdido algo y una vez que dejamos de buscarlo lo encontramos, a veces sin esperar sucede lo mismo con nuestros sueños y anhelos, que nos sorprenden a la vera del camino. Se hacen realidad en momentos en los que ni siquiera los estamos esperando.

Eso le da a la vida un cierto condimento especial y sobre todas las cosas, nos ayuda a no dejar nunca de soñar. A veces, también sucede que los sueños que nos encuentren en medio de la desesperación o la amargura, por eso, a veces para toparnos con nuestros sueños hecho realidad solo hay que seguir andando.