No todo pasa por el resultado

Somos una sociedad que lo evalúa todo por los resultados.

Si hacemos un gran esfuerzo, pero sin embargo no ganamos dinero podemos ser considerados unos fracasados. En cambio, si haciendo el menos esfuerzo posible ganamos un buen dinero o conseguimos una determinada ventaja, seremos consideramos triunfadores y hasta despertar admiración en los demás.

Cabe la pregunta sobre cuál de esos dos procesos nos enseñará más, o dicho de otro modo, cuál de los dos modos de vivir, nos dejará más cosas para nuestra vida.

A veces la sociedad “resultadista” nos cierra los ojos a ciertas cosas de la vida, porque las más grandes recompensas y los más importantes aprendizajes se encuentran en el esfuerzo por tratar de conseguir las cosas y no en el resultado.

La esperanza es un espejo puesto en el futuro

Hay un dicho que reza que la esperanza es como un espejo que está colgado en el futuro

Hablar de la esperanza es hablar de un estado a través del cual podemos ver como posible aquello que anhelamos. La esperanza nos fortalece y nos permite seguir adelante. Nos da la posibilidad de encontrar consuelo y nos ayuda a perseverar.

Poder encontrar motivos para tener esperanza es hallar causas para buscar los aspectos positivos de nuestra vida, al tiempo que logramos considerar como transitorios los hechos adversos. Elegir vivir desde esa lógica nos permite recuperarnos de modo más rápido de los contratiempos y de los dolores que asestan nuestra existencia y que hasta suelen ponernos en jaque en algunas ocasiones.

Poder hallar esperanza suele traducirse en una vida con objetivos, con inspiración y con entusiasmo más allá de los vaivenes, porque una cosa no tiene nada que ver con la otra. La esperanza nos nutre y nos retroalimenta junto a los demás.

Así como muchas cosas de la vida, nadie nace con esperanza. Es un camino que aprendemos y debemos reforzar cada día de acuerdo a nuestra manera de ver la vida. Muchas cosas y aspectos de la vida no dependen de nuestras acciones, pero sí depende de nosotros la forma de ver eso que nos ocurre y aún más, la manera de enfrentarlas.

La esperanza es un espejo puesto en el futuro. En ese espejo nos podemos mirar desde nuestro presente, para poder así encontrar la fuerza para tratar de llegar a ese fututo que anhelamos.

Es mejor hacer y arrepentirse que no hacer y arrepentirse

Solo si alguna vez hemos hecho algo de que luego nos arrepentimos podemos conocer lo que pesa sobre las espaldas un error.

Hay mucha gente que dice que no se arrepiente de nada y que no cambiaría nada en su vida, pero la realidad es que no existen las personas que jamás cometen errores. Por lo general, casi todos nosotros, en algún grado, hubiéramos querido que determinadas cosas de nuestra vida fueran diferentes.

La mayoría de nosotros cambiaría algunas cosas en su vida si fuera posible. Porque vivir es decidir, y decidir es descartar alternativas, y cuando las cosas salen mal es difícil no atormentarse por lo que imaginamos que habrían sido las consecuencias de los caminos que no tomamos. Por eso, vivir es también lamentarnos por algunas de nuestras decisiones.

Un sabio antiguo decía que es mejor hacer y arrepentirse que no hacer y arrepentirse, porque quiere decir que lo hemos intentado y aun habiendo fracasado, estamos dispuestos a mirar de nuevo el camino.

Por otro lado, arrepentirnos de lo que no hemos hecho nos lleva a pensar en lo que hubiera sido, sin embargo, arrepentirnos de nuestros errores es esencial para convivir, porque en caso contrario vivimos pendientes solo de nuestra vida y de nuestros propios intereses.

Instrucciones para ponerse un zapato ajeno

A menudo juzgamos por lo que vemos o por lo que otros nos dijeron de las personas.

A partir de esto solemos encerrarnos y hacer todo lo posible para que las oportunidades no sean una realidad.

¿Será el prejuicio un sistema de protección y de defensa que tenemos para evitar enfrentarnos con experiencias nuevas, porque nos desafían a salir de nuestros modelos y de nuestra manera de percibir las cosas?

Quizás sea así y somos prejuiciosos para evitar salir de nosotros mismos, porque estamos cómodos y, en este caso, la presencia de alguien nuevo, de algún modo pone en jaque esa comodidad.

No nos damos cuenta, pero al actuar desde el prejuicio con una persona, simplemente de manera inconsciente, estamos distorsionando nuestra percepción de las cosas.

La experiencia y muchas historias que nos han demostrado lo contrario a lo que pensábamos desde el prejuicio, nos demuestran que es una gran pérdida para nosotros mismos vivir de ese modo.

Antes de emitir un juicio apresurado, es bueno pensar que detrás de cada persona hay una historia y una razón para ser como es y para hacer las cosas que hace. Esa cosa tan sencilla nos ayudará a ver incluso nuestra vida desde otra perspectiva, lo que se dice “ponerse en el zapato del otro”

Si quieres que algo sea diferente no hagas siempre lo mismo

Si queremos que las cosas sean diferentes en nuestra vida, no podemos hacer siempre lo mismo, porque esto se transforma en una contradicción.

La dinámica de hacer las cosas siempre de igual modo, la repetimos muchas veces por comodidad y otras tantas porque tenemos temores. Entonces frente a la amenaza, preferimos permanecer de la misma manera, sin arriesgar nada.

Al tener esta actitud no damos ninguna oportunidad, entre otras cosas, a las posibilidades menos pensadas, que son las que surgen sin que lo hubiéramos pensado o tenido en cuenta.

¿Cuántas veces los vínculos menos imaginados son los que prosperan en la vida, mucho más que aquellos por los cuales hubiéramos apostado con confianza? Eso mismo puede suceder a las oportunidades, si nosotros se lo permitimos. Hay que aprender a confiar un poco más en las cosas que no tenemos previstas y calculadas

¿Para qué sirve la honestidad?

Ser honesto en la vida no siempre nos trae como consecuencia tener muchos amigos. Es increíble, pero en ciertos aspectos de la vida, en vez de facilitarnos las cosas, la honestidad suele traernos problemas.

Paradójicamente hay un consenso social que indica que es preferible guardar las formas antes que plantear las cosas desde la honestidad. Pensemos por ejemplo en un grupo de amigos que está haciendo algo equivocado. Si alguien que participa de la dinámica se atreve a enfrentarse, remarcando el error grupal, lo más probable es que sea estigmatizado, e incluso dejado de lado.

¿Para qué sirve entonces la honestidad?

En principio, como es lógico, para hacer las cosas bien.

Pero, el motivo más importante por el que uno debe ser honesto, es que la honestidad nos va a rodear siempre de los amigos adecuados. La honestidad nos sirve entonces para tener los amigos correspondientes.

No se eligen las circunstancias, pero sí el modo de enfrentarlas

La manera como nosotros enfrentamos la vida, marca en parte cual es el camino que iremos recorriendo.

El mismo camino a veces puede estar lleno de piedras y de cosas difíciles de esquivar. Aun así, es bueno saber que la manera de enfrentar la vida, depende, en parte, de nuestra forma de ser. Esto marca, no solo quienes somos, sino también la forma como los demás nos ven. Nuestras elecciones le dicen a los demás quienes somos cada uno de nosotros.

Así como en la vida no es lo mismo alguien que vive creyendo que todo lo sabe y que todo lo tiene resuelto, que alguien que es capaz de aceptar un consejo, reconocer un error y hasta se anima a pedir perdón. Tampoco es lo mismo si frente a una situación que nos inquieta o algo que debemos resolver, decidimos cruzarnos de brazos, o sentarnos a la espera de ver lo que va a ocurrir, o que, aún a riesgo de cometer errores y no lograr salir del mismo sitio, resolvemos tomar la iniciativa.

Ambas cosas no son dan mismo. El modo de enfrentar la vida depende de nuestra forma de ser, de los vínculos que tenemos y de las opciones que elegimos. A veces no podemos elegir las circunstancias de nuestra vida, pero sí podemos elegir el modo de enfrentarlas y de luchar con ellas.

El dolor es como una habitación ¿sin salida?

Las situaciones dolorosas o que nos paralizan, son como habitaciones de las que al principio parece no encontrarse una salida. Son momentos en los cuales parece no haber nada para hacer.

Habitaciones en las cuales nadie quiere estar y sin embargo no se sabe cómo salir. El dolor paraliza y es normal; sin embargo, y tal como alguien no quisiera permanecer para siempre encerrado en una habitación, debemos buscar la forma de salir adelante.

Nadie dice que es fácil y que el camino es liviano.

Uno podría preguntar si tiene sentido querer salir sin saber por dónde y para qué. Hace poco tiempo, frente a uno de los dolores más grandes que la vida me presentó, alguien que había tenido una experiencia similar me dijo que al principio parece que no se puede, pero se puede.

Esa frase, al principio puede parecer demasiado dura o difícil de entender, puede ayudarnos a percibir que ese “se puede” es más bien parte de una búsqueda que uno tiene que hacer, entre lágrimas y preguntas, para tratar de salir de la habitación.

Es bueno tener en cuenta que el primer paso no nos lleva nunca a algún lugar determinado, pero al menos nos saca de donde estamos parados.

La verdadera riqueza está en descubrir que cosas uno no cambia por dinero:

Vivimos la época en la cual el consumo ha tomado ribetes que nunca antes había alcanzado en la historia de la humanidad.

Vemos como hombres, mujeres, niños y ancianos se desesperan para comprar. Así como antes lo que justificaba a las personas era su capacidad de producir, hoy lo que justifica es la capacidad de comprar. Cuanto más se compra, más justificada está la vida.

¿Es esta una realidad con la que no es posible luchar y frente a la cual debemos resignarnos?

Frente a un contexto en el cual no solo es común ver que todo parece ser posible de comprarse y venderse todo, sino que incluso las relaciones se tienden mercantilizarse y es posible ver como se calcula fríamente hasta qué punto conviene un determinado vínculo o no. Todo esto de modo inconsciente, a través de gestos y actitudes, somos llamados a mirar sobre la verdadera riqueza de nuestras vidas.

¿Dónde está la verdadera riqueza?

A veces, solo cuando nos toca enfrentar momentos en los que ningún dinero posible hace que sea posible de cambiar el destino podemos descubrir que la verdadera riqueza está en las cosas que uno jamás cambiaría por dinero.

Si no estás dispuesto a ayudar a los demás, al menos no les hagas daño

Una de las razones de nuestro paso por la vida está en poder ayudar a los demás, ser útiles y generar cosas buenas en quienes comparten su vida con nosotros. Sin embargo, si no estamos dispuestos a hacerlo, si no queremos ayudar, al menos hagamos las cosas de tal modo de no hacer ningún tipo de daño.

Creemos equivocadamente que al ayudar perdemos, cuando en realidad sucede lo contrario, porque terminamos ganando el aprecio y el amor de quienes recibieron un gesto bueno de nosotros. Si podemos ayudar nos estamos saliendo de nosotros mismos.

A veces un pequeño gesto de nuestra parte puede significar una gran cosa para quien está necesitando una palabra, un abrazo, un aliento.

Ayudar siempre es más fácil que dañar.

Una vez más, de nuestra decisión depende la suerte de los demás. Tomemos un tiempo para pensar y así tener la fortaleza para saber cómo optar.