Las circunstancias de la vida ¿nos ponen a prueba?

Las circunstancias de la vida nos van poniendo pruebas difíciles, que a veces son las que nos llevan a hacer cosas que jamás hubiéramos imaginado. Así, para continuar y no bajar los brazos, tenemos que aprender a sacar el coraje y fuerza de nuestro corazón, levantarnos y seguir adelante.

Una vez una mujer que había pasado por muchas dificultades me dijo que conforme pasa el tiempo, a veces avanzamos y ni siquiera sabemos cómo lo vamos haciendo.

Muchas veces, cuando pasa el tiempo y miramos hacia atrás recién nos damos cuenta de todos los obstáculos que hemos pasado. Entre otras cosas, comprendemos que a veces, tal cual personas enviadas, hay seres humanos que se acercan a nuestra vida y nos ayudan a dar pasos; quizás porque el camino por recorrer es muy largo y la compañía de ellos lo hace más llevadero, o quizás porque ni siquiera lo podamos explicar, pero allí están.

Ese camino se llama vida y es la senda de las caídas, retrocesos y avances. Sin embargo, todo ese andar será más llevadero si no nos sentimos solos.
En ese recorrido es preciso tener coraje para sentir los propios dolores y compartirlos con los demás, pero también es necesario fuerza para sentir el dolor de un amigo y poder estrecharlo en un abrazo fortalecedor. Son las fórmulas y las herramientas para allanar el camino y mitigar el dolor, haciendo así que el pasaje sea un poco más fácil de andar.

Hay circunstancias de la vida donde no es posibles esperar a que pase la tormenta y no nos queda otra situación que aprender a andar bajo la lluvia, dónde incluso es posible bailar.

 

Todos tenemos días difíciles

“Todos tenemos tiempos difíciles”

Son esos tiempos en los que todo parece tornarse gris, dejando nuestra perspectiva muda y oscura.

Tiempos en los que no podemos vislumbrar una salida y cada movimiento a nuestro alrededor nos deja nostálgicos de algo. Lo que vemos nos recuerda momentos, personas y situaciones que nos dañan y nos producen tristeza.

Días en los cuales parece no ser posibles poder compartir la misma risa, el mismo canto, alegría que tienen los que están a nuestro alrededor.

Situaciones donde el placer de jugar, de amar, de vivir intensamente parece algo alejado y hasta imposible de palparse para nuestra vida.
Pero ¿vale la pena quedarnos en esas sensaciones? ¿A qué sitios nos van a conducir cada una de ellas?

La oposición es una parte natural de la vida y es normal sentirnos angustiados y por momentos desesperanzados por lo que nos toca vivir, pero “al igual que desarrollamos nuestros músculos levantando pesas, desarrollamos nuestro carácter superando desafíos y adversidades”. Stephen R Covey.

 

Valora tu vida

Valora los momentos de tu vida, prestando atención a aquellos que algo bueno te dejaron, aquellos que algo bueno te enseñaron; los que te hicieron un poco más fuerte, o un poco mejor.

Los momentos en los que, a pesar de haber llorado, después pudiste reír. Aquellos en los que a pesar de sentir que te morías, luego te ayudaron a sentir que tenías más vida que antes.

Valora los tiempos que se quedan sólo en la memoria, pero también las circunstancias que te acercaron personas, que luego se quedaron para siempre en tu corazón.

Valora a quienes están cerca de ti y que siempre te hacen recordar que la vida es bella a pesar de lo que sea, que te viven diciendo que vale la pena intentar y que por cada cosa se debe luchar.

Valora las cosas, los afectos y las palabras que siempre mantendrás bien guardadas en lo más profundo de ti, porque son ellas las que te harán saber que debes seguir luchando y así encontrar nuevas oportunidades para hacer las cosas bien. Valora aquellos que te hacen tomar consciencia de tus errores y de tus virtudes y los que te hacen saber que siempre habrá una vez más para intentar buscar tu felicidad y la de quienes están a tu alrededor.

Valora los momentos de tu vida, valora tu vida y la vida de los demás. Aprende a ver lo mejor de ti, porque así podrás ver lo mejor de los demás.

 

Los medios de comunicación ¿mienten?

¿Alguna vez te preguntaste por qué tenemos la necesidad imperiosa y urgente de estar informados y conocer las noticias del país y del mundo?

Sucede lisa y llanamente porque los medios de comunicación nos han impuesto esa dinámica y con ello la necesidad de conocer informaciones, la mayor parte de ellas casi sin sentido y utilidad. ¿O acaso nos modifica la vida conocer lo que sucedió en la China, en Australia o en el viaje de los astronautas a la luna? Lo mismo podríamos preguntar en qué le afecta a alguien que se encuentra en un pequeño pueblo de Jujuy poder asistir en vivo una toma de rehenes que ocurre en algún sitio del conurbano bonaerense.

Sin embargo, nos hemos acostumbrado y creído que eso es necesario y aún imprescindible. Muchas personas llegan a entrar en un grado de incomodidad cuando no están consumiendo información o no saben las noticias de las últimas horas.

Los medios de comunicación tienen una influencia muy directa en la opinión pública de la sociedad, muchas veces haciéndonos no pensar en situaciones de fondo, manteniéndonos entretenidos en lo que ellos mismos ponen en la agenda. Su mensaje es un asunto sumamente cuidado al detalle, con la finalidad y su mirada puesta en el lucro económico.

Siguiendo ese propósito, no sería raro que se encarguen de crear una falsa realidad o de maquillarla según sus intereses económicos.
No se trata de negar la información, sino tomar consciencia sobre las formas que tienen los grandes medios de manipularnos.

Dice Malcolm que “si no tenemos cuidado, los medios de comunicación harán que acabemos odiando a los oprimidos y amando a los opresores”.

Por eso no debemos quedarnos solo con lo que los medios nos dicen y las redes sociales son una buena aliada, porque a través de ellas podemos intercambiar información y conocer situaciones de primera mano, que nos pueden ser útiles para mejorar el mundo, organizarse y cambiar ciertas cosas de la sociedad; en definitiva, ser más libres y menos manejados por los poderosos e interesados que en ocasiones poseen millonarios negocios sustentados en la manipulación de la información.

 

Lo que piensa Dios de la humanidad de hoy

Cierta vez un tuvo periodista la oportunidad de entrevistar a Dios y quiso saber qué era lo que más le sorprendía de la humanidad.

Ante su pregunta, Dios le respondió diciendo que se sentía asombrado, porque por regla general los seres humanos se aburren de ser niños y quieren crecer rápido, para luego cuando lo han conseguido, desear ser nuevamente niños.

Además, agregó que estaba pasmado de ver las tantas formas como los hombres y las mujeres desperdician la salud para conseguir dinero y después pierden ese mismo dinero para tratar de recuperar su salud; le habló de la forma como ansían el futuro y se terminan olvidando el presente, y de esa manera no viven ni el presente y tampoco el futuro. Todo el tiempo veo como las personas viven como si nunca fuesen a morir y mueren como si nunca hubieran vivido, dijo Dios.

El periodista quedó en silencio, pero sin embargo quiso preguntar sobre las lecciones que la humanidad debería aprender y Él habló otra y dijo que hay que aprender que nadie puede hacer que otra persona lo ame, sino que hay que dejarse amar por los otros; que una persona rica no es quien más tiene, sino quien necesita menos porque ha comprendido que el dinero compra todo, menos la felicidad.

Mientras que el comunicador se sentía abrumado por las palabras que escuchaba, el Señor seguía dando algunos de sus consejos. Le hablo diciendo que el físico atrae a las personas, pero no las enamora y que para recibir algo hay que estar dispuestos también a dar.

Finalizada la intervención, el periodista solo atinó a agradecer y ya no necesitó hacer una nueva pregunta.

 

Niños limpios ¿niños felices? – Relato de Dani Villamea

Seis de la tarde, en la plaza del barrio. En el sector de los juegos la lluvia armó un chocolate de barro y unos pocos gurises corren y juegan.

De repente llegan dos hermanitos -un nene y una nena- y, de lejos, el papá les grita: “No se embarren que el auto está limpio”.

El papá tiene el auto más lindo de todos los que están estacionados por ahí.

El nene y la nena son los más limpios, pero también los más tristes en la plaza del barrio

¿Cuándo sucedió que nos hemos convertido en esclavos de las cosas? ¿Cuándo fue que empezamos a tener sentirnos incómodos cuando cada vez que nos ensuciamos, corremos, saltamos o jugamos?

Dicen que los sueños mueren justamente en el lugar llamado miedo. No permitamos que el temor nos deje sin fantasías.

 

El “enojo” tiene efecto

Todos, alguna que otra vez, nos solemos enojar. La irritación surge ante una provocación, que es respondida de modo verbal, pero también físico, lo cual trae consecuencias que en verdad nunca deseamos. Lejos de que esto solo afecte a quienes nos rodean, también repercute de manera negativa en nosotros, en nuestro estado de ánimo y hasta en nuestro cuerpo.

El enojo es una función basta básica e incluso instintiva que tenemos los seres humanos de defendernos. Es un modo de responder a las amenazas o las cosas que consideramos que nos podrían dañar. Así, pueden variar desde un simple cruce alterado de palabras, hasta la violencia física.
Todo esto puede dañar los vínculos, e incluso la propia salud. Pero ¿Cuál es el efecto de la ira en lo personal y qué logra hacer en cada uno de nosotros el enojo?

Si alguien logra enfurecernos lo que en verdad consigue es dominarnos, porque a menudo perdemos nuestro control y nos disponemos a llegar exactamente al lugar donde el otro había querido que arribemos.
Por esa razón, para que no nos dominen, no debemos dejar que la rabia, o la irritación tomen cuenta de nuestros pensamientos, nuestras palabras y menos aún de nuestras acciones.

Sin dudas hay que aprender a eliminar de nuestra mente los pensamientos que impiden que vayamos en la búsqueda de nuestros sueños y metas.

 

“Meritocracia”: la mentira de quienes dicen que todos tenemos las mismas posibilidades

Entre abril y mayo de 2016 comenzó a circular en la Argentina una publicidad donde plantea imaginar cómo sería vivir en una “meritocracia”, donde cada persona tiene éxito por lo que hizo y “sin que nadie le haya regalado nada”. De esa manera va desarrollando una serie de ideas basadas en el triunfo y en el éxito a partir del esfuerzo personal, e individualista.

Uno diría que el concepto de salir adelante a través del mérito no es malo, pero sin embargo tiene un gran problema y es que inventa una escala de superioridad entre las personas, partiendo de las ideas de que el éxito solo depende de las ganas y el esfuerzo, olvidando las diferencias económicas y sociales en el desarrollo de las personas.

Podríamos preguntar ¿cuál es el mérito que ha hecho un niño que nació el mismo día y a la misma hora en una familia adinerada de Manhatan, respecto de un mismo niño, a la misma hora, pero en Rhuanda, Mozambique o Timor oriental? Con el correr del tiempo, quizás el primero se transforme en un empresario exitoso, mientras que el otro tenga que caminar kilómetros todos los días para conseguir un poco de agua. ¿Cuál es el mérito que hacen esos niños nacidos en la misma hora, pero en lugares y circunstancias diferentes?

Que no todo dependa de nuestros méritos es algo bueno, porque así tenemos la oportunidad de descubrir nuestra necesidad y la de los que nos rodean. Además, hay ciertos espacios de la vida, donde nuestros méritos se desmoronan y se nos escurren como arena entre los dedos.

Creer que nos vamos a salvar solamente por los méritos es una gran mentira, que solamente se la creen quienes entienden que son demasiado importantes para merecer lo que tienen y lo que son. La idea de la meritocracia es sin dudas un buen negocio para los vendedores de ilusiones y para quienes, desde su postura de poder, nos quieren hacer creer la gran mentira de que todos tenemos las mismas posibilidades.

Un dolor compartido se reduce a la mitad, pero la felicidad compartida se multiplica al doble.

Dos hombres que compartían la misma habitación de un hospital comenzaron a entablar un diálogo. A medida que se fueron conociendo, día a día su conversación se fue haciendo más profunda.

Uno de ellos estaba al lado de la ventana, mientras que el otro se ubicaba en la punta del cuarto.

Cuando sentaban al enfermo que se encontraba cerca de la ventana, este aprovechaba para describirle todo lo que observaba en el exterior a su compañero. Le hablaba de un hermoso parque donde de a ratos de veían animales caminando, mientras que pájaros multicolores sobrevolaban. Le contaba de un pequeño lago en el cual había patos de diferentes tamaños, que nadaban y jugueteaban entre ellos.

Así, aunque el enfermo del otro extremo no podía ver lo que su amigo describía, cada día realizaba un viaje imaginario, al tiempo que cerraba sus ojos y se dejaba llevar por las cinematográficas descripciones del hombre de la ventana. Un día incluso pudo imaginarse como parte del concierto de violines que fue descripto por su amigo, en aquel fabuloso parque.

Unos días después, cuando el hombre de la ventana tuvo que ser trasladado a otro centro de salud, el hombre pidió a la enfermera poder ocupar el espacio de la ventana. Sin embargo, su sorpresa fue muy grande cuando, al mirar hacia afuera, descubrió que a unos pocos metros lo único que había era una pared blanca. No había bosque, ni lago, ni pájaros, ni patos, ni concierto alguno. El que había creado todas esas imágenes era su amigo y lo había hecho con el fin último el de darle un poco de color a su vida, aplacada por el dolor y la enfermedad.

Un dolor compartido se reduce a la mitad, pero la felicidad compartida se multiplica al doble.

 

Las promesas que no se cumplen te dañan a ti mismo

No siempre somos conscientes de la cantidad de promesas que hacemos y menos aún de las veces que dejamos esas promesas sin cumplir.

A veces faltamos a nuestra palabra, quizás porque lo prometido ya no nos parece importante, porque nos arrepentimos, o simplemente porque no nos fue posible cumplir. Cualquiera sea la razón, cuando dejamos de cumplir algo prometido, no sólo dañamos a los demás, sino que básicamente nos dañamos a nosotros mismos y en definitiva nuestra reputación.

¿Por qué hay que cumplir nuestras promesas?

En primer lugar, porque hemos dado nuestra palabra, pero además porque lograremos el respeto de los demás.

Para no quedarnos solamente en promesas, hay que ser realista y no prometer las cosas que sabemos que no podremos hacer.Debemos ser claros y concretos al momento de decir las cosas.

Nunca hacer promesas estando bajo presión, para conseguir algo, o para sacar ventaja. La promesa que le hacemos a alguien tiene que salir siempre de nosotros.

Por último, cada vez que vayamos a quedar en algo con alguien debemos tener presente que hay que ser honestos y si sabemos que una parte no la podemos cumplir, hay que poder expresarlo. Además, siempre es mejor prometer poco y pensar dos veces lo que vayamos a decir.

Las promesas son lindas porque generan una expectativa en quien espera, pero si solo se queda en eso, su efecto será siempre contrario al que hubiéramos esperado.