¿Por qué las personas fracasan?

Muchos fracasos en la vida se deben a que las personas no se dieron cuenta que estaban tan cerca de lograr su objetivo y terminaron renunciando.

Hace poco vi una gráfica en la que un minero acaba de darse vuelta con su pico en la espalda, habiendo renunciado a su búsqueda sin darse cuenta que le faltaba unos pocos centímetros para llegar a un depósito de diamantes.

Muchas veces nos ocurre situaciones parecidas en lo que respecta a nuestros fracasos. No logramos vislumbrar que para poder conseguir nuestros sueños debemos seguir cavando, sin importar lo lejos o lo cerca que estemos.

No siempre sabemos si el cumplimiento de nuestro sueño se encuentra lejos o cerca, pero sin embargo podemos tener como un hecho seguro que, si abandonamos la lucha, jamás lo lograremos.

A veces podemos estar a un paso de lograrlo, pero si bajamos los brazos jamás sabremos la verdad.

 

El increíble poder del pensamiento

Hoy me gustaría preguntarte de qué modo inicias tu día.

Hay quienes se levantan con tiempo para desayunar, organizan sus cosas, planifican la jornada; mientras que otras apenas toman unos mates y también están quienes no tiene tiempo ni para eso y ya tienen que salir rápidamente a cumplir con sus obligaciones.

Cada uno lo vive de acuerdo a sus costumbres y posibilidades.

Independientemente de esto hay algo que condiciona nuestro día y son los primeros pensamientos que tenemos.

Si nos levantamos y pensamos que el día será muy malo, pesado, difícil o no lograremos hacer lo que quedó pendiente del día anterior; entonces ya hemos hecho el primer paso para que sea de ese modo. Eso es así porque nuestros primeros pensamientos determinan de manera importante como viviremos ese día.

Si bien el pensamiento no nos ayuda a cambiar la realidad, nos condiciona el modo de enfrentarla. No es lo mismo la manera que tenemos de pensar las cosas y nuestro primer pensamiento determina en gran parte nuestra jornada y nuestros quehaceres.

 

El efecto de la inconformidad

Hay personas que no se conforman con nada. Para ellos, todo en la vida es insuficiente o poco.

Cuando alguien hace algo por ellos, consideran que se hubiera podido hacer más. Cuando logran algún objetivo, alegan que en realidad hubieran querido uno mayor.

Así viven la vida, caminando por la senda de la insatisfacción.

Cuando nada alcanza y todo parece poco, con el tiempo va ocurriendo también que todas las cosas y situaciones comienzan a tener menos sentido.

Las personas que viven de esa manera cometen el error de olvidar que hay que aprender a valorar las cosas cuando uno las tiene; no por lo que significan, o por su valor monetario, sino porque hay cosas que no se comprenden en su debida dimensión en el momento histórico que en el que estamos frente a ellas. Por eso hay que aprender a descubrirlas y valorarlas. No sea cosa que el tiempo pase y finalmente sea él quien nos enseñe a darle el valor correspondiente a las cosas que hemos vivido y tenido, pero ya no están al alcance de nuestra mano.

 

Tres cosas que hay que aprender

Cada día que pasa y cada experiencia que vivimos, nos sirven para aprender. Así, la práctica se transforma en una buena escuela, para no repetir errores del pasado, o no hacer cosas que vemos en la experiencia de los demás.

Dice que aprendemos más de las equivocaciones y las derrotas que de los aciertos y los triunfos, o más de haber estado en el lugar equivocado, que en el espacio acertado. En ese sentido un sabio decía que debemos aprender tres cosas importantes en la vida: no ir donde no nos inviten, no meternos en lo que no nos incumbe y no hablar de lo que no sabemos.

En ese proceso de formación, incluso tenemos que aprender a aprender, es decir tomar todos los conocimientos y herramientas que nos da la vida, para usarlos en beneficio propio y de los demás. Lo hacemos cuando nos damos cuenta que cada error y decisión tomada de manera equivocada, pueden transformarse en una oportunidad para tener una nueva visión de las cosas, de ver el mundo desde otra óptica. En esa nueva visión incluso hasta cabe a posibilidad de tener que desaprender y dejar de lado aquello que creíamos aprendido y correcto, para poder así asimilar lo novedoso.

Aprender, ya sea de los errores, de la experiencia ajena, o de lo que fuera, es una señal de humildad y sobre todo de disponibilidad para vivir. Es aceptar que tenemos limitaciones y muchas cosas por conocer. Es darnos cuenta que todos los días la vida nos presenta una oportunidad tan valiosa como el hecho mismo de estar vivos.

 

La creatividad te puede salvar la vida

Muchas veces nos encontramos frente a disyuntivas que debemos resolver para el bien nuestro, o de los demás. En esos momentos, suele ser muy útil la creatividad, porque puede ayudarnos a salir airosos de circunstancias difíciles y de encrucijadas que la vida a veces nos presenta.

Cierta vez una empresa debía elegir a alguien para un puesto muy importante. Cuando quedaba un solo postulante, en la entrevista se le propuso al aspirante la resolución de una situación cotidiana. De ese modo querían ver su comportamiento y así poder estudiar su carácter, a partir de la elección que él haría.

Se le propuso al postulante una situación hipotética en la que él viajaba con su automóvil y de repente se encontraba con una parada de ómnibus donde había tres personas, una anciana enferma, su mejor amigo que le había salvado la vida y la mujer de sus sueños, con la que podría llegar a ser feliz el resto de su vida. Sin embargo, el hombre solo podía elegir a una persona para subir a su automóvil.

Le dieron dos minutos para pensar, pero a los pocos segundos él ya tenía la respuesta, que dejó petrificados a los profesionales que lo estaban entrevistando. Su respuesta fue sencilla, pero a la vez muy ingeniosa.

Propuso que, al llegar a la parada, estacionaría su auto, le daría la llave a su mejor amigo y le pediría que lleve a la anciana al hospital y se quedaría con la mujer de sus sueños en la parada de ómnibus y allí esperaría el colectivo para irse con ella.
A veces, para resolver un problema, es más útil la creatividad que el dinero o la fuerza bruta.

 

Nuestra decisión le da forma al destino

Siempre vamos a tener momentos difíciles en la vida. Esto es así y que no existe una varita mágica que resolverá nuestros problemas. Los problemas se resuelven enfrentándolos y luchando para salir adelante

En ese proceso, es muy importante no rendirnos y cabe señalar que no tiene tanta importancia lo fuerte que nos han golpeado, sino lo fuerte que podemos golpear nosotros al hierro de la vida, para así intentar moldearlo.

Todos queremos tener una vida de éxito y de felicidad, pero también sabemos que esto no siempre es posible, porque un sinfín de factores lo dificultan, e incluso nosotros mismos a veces llegamos a transformarnos en nuestro propio aguafiestas.

Si bien las variantes de nuestro destino no dependen solamente de nuestras fuerzas y decisiones, hay muchas cosas que podemos manejar. Debemos preguntarnos seriamente qué estamos haciendo con nuestra vida y cómo estamos queriendo arribar a nuestras metas.

Darle forma a nuestro destino es aprender a tomar decisiones que nos ayuden a caminar. Muchas de ellas, deben ser tomadas hoy, porque quizás mañana, resulte demasiado tarde.

 

La excusa de la falta de tiempo

Muchas veces decimos que no tenemos tiempo, pero en repetidas oportunidades lo hacemos para justificar nuestra falta de interés. Entonces tenemos una excusa para nuestro poco compromiso, o nuestra negativa de comprometernos con alguna causa o situación.

Cierta vez un profesor se encontraba con sus alumnos y tomó en sus manos un frasco grande de vidrio. De una bolsa comenzó a sacar pelotas de tenis y, de a una, las fue colocando dentro del recipiente. Cuando llegó al tope le preguntó a los muchachos y muchachas si el frasco estaba lleno, a lo que todos respondieron que sí.

Sin embargo, el docente sacó otra bolsa que contenía unas piedras de mediano tamaño y las volcó sobre las pelotas de tenis, hasta que llegó también al borde. Volvió a mirar a los jóvenes y les preguntó si ahora el frasco de vidrio estaba lleno y ellos volvieron a afirmar que sí.

Pero el adulto se agachó una vez más y trajo en sus manos una bolsa de arena y la volcó en el mismo frasco, de modo tal que la arena comenzó a cubrir todos los poros que habían quedado entre las piedras y las pelotas de tenis. Finalmente volvió a preguntar por tercera vez si ahora el frasco estaba lleno y todos, por tercera vez, dijeron que sí.

Fue entonces que el hombre recogió una botella de agua y volcó su contenido dentro de aquel recipiente transparente, llenándolo por cuarta vez.

Con el tiempo sucede lo mismo.

Si vivimos diciendo que estamos ocupados, siempre estaremos ocupados.
Si vivimos diciendo que no tenemos tiempo, entonces nunca tendremos tiempo.
Si vivimos diciendo que lo haremos mañana, nuestro mañana nunca llegará.

 

¿A quién le pertenece la envidia?

Cierta vez, para hablar sobre la envidia, un profesor les presentó una situación hipotética a sus aprendices en la cual les habló de alguien que, acercándose a un tercero, le ofreció un regalo, pero éste no lo aceptó.

Luego de contarle los detalles de la situación, les preguntó quién entonces sería el dueño del obsequio, ya que el que supuestamente sería el destinatario no lo había querido tomar.

Hubo un silencio que duró unos segundos, hasta que uno de los discípulos respondió diciendo que no le quedaba ninguna duda que el dueño del regalo continuaba siendo quien lo había ofrecido.

A lo que entonces el docente respondió que lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos, porque cuando ellos no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los carga consigo.

 

Somos lo que hacemos y no lo que decimos que vamos a hacer

Tomar en serio la palabra dada, hacer lo que uno se había comprometido, responder a la responsabilidad asumida, ser solidario con alguien que necesita, entre otras cosas, es asumir los compromisos y las cosas en serio.

Los sociólogos explican que hoy se vive la época de la posmodernidad caracterizada por el individualismo y la incertidumbre; también a nivel de las relaciones personales. Así, muchas veces nos encontramos con situaciones tan comunes en nuestros días, en que las personas olviden que tenían un compromiso, a último momento deciden cambiar de opinión o ni siquiera registren la importancia de ciertas cosas.

Pero ¿es esto un síntoma de nuestro tiempo o una falta total de responsabilidad hacia los demás?

Los especialistas incluso hablan de los adultos que no logran asumir compromisos, señalando lo que ellos denominan como el síndrome de “Peter Pan”, apuntándolos como eternos niños, sin interés de asumir nada en serio.

Las responsabilidades no son opciones que uno asume en caso de tener tiempo o ganas, sino cosas que dependen de nuestra acción o inacción.

Así como en una pareja, la ausencia de compromiso por parte de uno de los miembros puede poner en serio riesgo la relación, ocurre lo mismo con todos los estamentos de la vida. Nuestra irresponsabilidad puede poner en jaque a los demás y al buen funcionamiento de las cosas.

Hay que tomar consciencia de que, si podemos hacer algo por otra persona, ella misma puede hacer lo propio por un tercero y así se va haciendo un hermoso círculo virtuoso del compromiso. Si cada uno de nosotros ayuda o asume en serio sus compromisos, haremos que el mundo sea mucho mejor.

 

 

¿Para qué sirve saber?

El saber tiene una importancia vital en la vida, porque así como la ignorancia genera violencia, el saber genera poder y entonces el uso responsable de ese saber es lo que hace que podamos optar por generar cosas buenas, o no. Las personas autoritarias son aquellas que utilizan de modo egoísta su saber. A veces la gente que tiene conocimiento retacea ese conocimiento, con el fin de ejercer un poder.

Hablando de ese tema, una persona a la que admiro mucho por su historia y su convencimiento de fe, me decía que cuando comenzó a ir a la universidad y comenzó a saber y conocer cosas, se sintió curada de muchas cosas, que por ignorancia las guardaba dentro suyo.

Podemos mejorar nuestra calidad de personas respecto del prójimo si nos disponemos a aprender y a conocer, porque lo podremos ver de otro modo, ya que tendremos más herramienta para comprender y para acercarnos al otro o a la otra.

El saber puede ser usado de diferentes maneras, para manipular, para sentirnos mejor persona, para creernos mejores personas, para ser superiores a los demás o el saber para poder desarrollar mejor calidad de ser humano, de persona, de prójimo. Saber no cuesta nada, pero depende de nosotros el uso que le damos a ese saber.