Haz que tu día sea importante

 

Hoy es un día importante, valioso y único. Es un día irrepetible y por lo tanto no vale la pena perderlo, o utilizar el tiempo en cosas que nos llenan de amargura.

No siempre tenemos consciencia de que el tiempo que perdemos hoy no lo vamos a poder recuperar mañana, simplemente porque ya pasó y lo único que nos queda es la oportunidad de tratar de remediarlo de algún modo, pero lo que pasó, pasó.

Cada día de nuestra vida es importante.

Pero lo cierto es que muchos días pasan de modo desapercibido e incluso a veces sin pena ni gloria y la causas pueden ser infinita; desde nuestras ocupaciones, pasando por la falta de interés, las preocupaciones puestas en el lugar equivocado, entre otras cosas.

Sin embargo, quiero decirte que ahora mismo tenemos la oportunidad de hacer algo para que este día sea importante.

Me dirás, ¿cómo?

Muy sencillo, haciendo algo que nos permita dejar una marca para que el día sea diferente.

Eso no depende de lo ocupado que estemos, ni de la cantidad de trabajo que tengamos, sino del valor que le asignemos a la vida, a nuestras cosas y a lo que estamos viviendo.%

Compasión no es lástima

Una persona que tiene compasión, es una alguien que al ver a otro padeciendo o sufriendo, se siente impulsado para encontrar la forma para tratar de aliviar su dolor, remediarlo o evitar de alguna manera algo desagradable.

Sin embargo, tener compasión no es sinónimo de tener lástima, porque quien actúa de ese modo solo ve al otro desde una distancia demasiado considerable. Por esa razón, la palabra tiene connotaciones negativas en español, porque está muy asociada al menosprecio y a la pena.

¿Cuándo entonces es posible la compasión?

De la traducción del término, encontramos que en latín significa “simpatía” y en griego literalmente se puede traducir como “sufrir juntos”. Cuando tenemos posibilidad de tener empatía y de compartir el dolor de lo demás, sufrir junto a los demás, vamos a vivir desde la compasión. Así, la compasión solo es posible cuando la comprensión está presente.

Si solo vemos al otro desde la pena, nunca vamos a tener compasión. Que puedas encontrar los gestos necesarios para vivir desde la compasión y no simplemente desde la pena.

 

Cambiando palabras, cambiando las cosas

Aunque vivamos en un mundo que cada vez más se basa en las imágenes, la mayor parte del tiempo usamos el lenguaje para expresarnos.

Muchas veces incluso hablamos con nosotros mismos, a medida que resolvemos cosas y vamos imaginando otras. Para hacerlo, elegimos unas palabras determinadas, mientras que dejamos de lado otras.

Lo que no siempre tenemos en cuenta es que a partir de esa elección de palabras y de pensamientos que hacemos, trae aparejada también la consecuencia en lo que respecta a las acciones que podamos o no tener en los diferentes aspectos de la vida. De acuerdo a nuestro modo de pensar será también nuestro modo de actuar. Nuestros pensamientos tienen un efecto poderoso en nuestras emociones, en nuestro estado de ánimo y aún en nuestras acciones. El mismo efecto, ocurre con lo que decimos y expresamos en los demás.

Lo que sale de nuestros labios, somos nosotros mismos. Si no honramos nuestras palabras no nos honramos a nosotros mismos. Y si no nos honramos a nosotros mismos, no nos amamos. Al honrar y saber elegir nuestras palabras, nos hacemos respetables ante los demás y por ende también ante nosotros mismos.

No da lo mismo pensar o decir cualquier cosa. Cada una de ellas tiene un efecto diferente y a veces totalmente opuesto a lo que en verdad estamos tratando de perseguir.

 

Los efectos del “yo supongo”

Todos los días, aunque no nos demos cuenta, suponemos cientos de cosas.

Lo hacemos al conversar con un colega, cuando caminamos por la calle y hasta cuando estamos comprando. Son conductas que prácticamente ocurren sin que lo podamos percibir.

El ejemplo clásico de esto podría ser el de alguien que espera a su pareja en la casa y como se ha retrasado comienza a atar cabos y concluye (siguiendo la lógica de la suposición) de que no ha llegado porque ha tenido algún accidente o le pasó algo grave.

Las suposiciones causan discusiones y un sinfín de conflictos en las relaciones entre las personas.

Al ser un mecanismo natural, no es tan fácil dejar de hacerlo, pero lo que sí podemos hacer es aprender a tomar consciencia de esta realidad y tratar de disminuir su impacto. Por eso, la próxima vez que estemos suponiendo algo, antes de darlo por válido, es bueno preguntar. Si tenemos dudas, busquemos aclararlas; y si tenemos sospechas, preguntemos. Porque suponer sin una razón evidente, solamente nos envenena el alma y nos causa una serie de problemas.

 

¿Quién es fuerte y quién es débil?

 

Siempre me pregunto sobre lo que significa ser fuerte y ser débil.

Cada jueves Santo pienso por ejemplo en la tortura y en los golpes que los violentos propinaron a Jesús y a la vez me pregunto ¿Quién es el fuerte y quién es el débil en ese caso?

El torturador, dominado por sus miedos y por sus jefes, se aprovecha de la víctima. Descarga su maldad y su perversión. Sin embargo, en cada golpe, insulto y burla, muestra su debilidad, porque es dominado por el odio y por sus jefes asesinos.

Fuerte es aquel sigue adelante con sus sueños, dando su vida por aquello que es necesario.

En Argentina, hace 40 años un gobierno militar se apoderó por las fuerzas del Estado. En su accionar desplegó un sinfín de violencia. Uno podría volver a preguntar ¿Quién es el fuerte y quién el débil?

Desde hace algunos años, cada 24 de marzo, en el país se celebra el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia; pero no la memoria de los que mataron y usaron el poder para denigrar y hacer desaparecer a hombres, mujeres y niños; sino la de aquellos que siguieron los sueños de un país más justo, a pesar de tener que dejar la vida en algunos casos.

La historia de Jesús y la de las víctimas padeciendo la injusticia es parte de la misma historia. La historia de débiles y poderosos. En ambos casos ¿Cuál es el fuerte y cuál es el débil?

Y por último ¿dónde está Dios? ¿Con los fuertes o con los débiles?

 

Saber hacer silencio para saber qué decir

En el mundo del ruido, casi no nos tomamos en serio al silencio.

A veces porque no tenemos oportunidad de callar y otras, porque nos cuesta oír su clamor.

Así, el bullicio nos va transformando en cómplices de los ruidos, las voces, las palabras, los sonidos; sin embargo, el silencio tiene mucho para decirnos.

A propósito ¿hace cuánto tiempo no permaneces en absoluto silencio, tratando de escuchar la voz de Dios o la de tu propia consciencia?

Un dicho dice reza que El silencio es el único que contesta las preguntas del pensamiento y que ambos, el silencio y el pensamiento, son cómplices callados de la palabra. Por lo tanto, si aprendemos a callar y luego a pensar, quizás tendremos mejores palabras para expresar.

 

Ver el otro lado de las cosas

A veces nos enfrascamos en la idea de que hemos perdido el tiempo. Entonces, nos da la impresión de que hemos invertido esfuerzo a cambio de muy poco o en algunos casos a cambio de nada.

Permítanme decirles, pero esa forma de ver las cosas es demasiado negativa y por ser demasiado negativa no hace bien para la vida. Al contrario, nos termina transformando en personas desconfiadas y pesimistas.

Como a mí me gusta ver siempre el otro lado de las cosas, en este caso estoy convencido de que ninguna relación es pérdida de tiempo.

¿Cómo así?, me dirás.

Así como lo estás escuchando. Ninguna relación es pérdida de tiempo, porque si a través de ella no hemos podido vivir las cosas que anhelábamos o incluso nos hemos sentido defraudados o engañados, al menos hemos aprendido qué necesitábamos y cuáles son las prioridades y lo que consideramos valioso e irrenunciable en nuestra vida.

Entonces, como verás, de algo habrá servido. Esa es sencillamente una manera de ver las cosas desde el otro lado.

 

El tiempo no para

 

Hay una canción del grupo argentino La Bersuit que se titula “El tiempo no para”, donde quien escribe la letra justamente refleja la lucha del ser humano contra el tiempo que parece no detenerse.

El autor lo refleja diciendo que es solo un hombre más, que está cansado de correr en la dirección contraria y pelear contra el tiempo, describiendo una serie de contratiempos que se le van presentando.

Y entonces uno diría ¿Qué hacer? ¿Quedarnos derrotados ante la evidencia de que el tiempo es veloz?

Sin embargo, la misma canción de la Bersuit nos ayuda a seguir pensando cuando la dejamos correr y descubrimos que el autor continúa diciendo “si pensás que estoy derrotado, quiero que sepas que me la sigo jugando, justamente porque el tiempo”.

¿Qué hacemos con nuestro tiempo y dónde ponemos la energía de las horas de nuestro día?

Para que el tiempo no pase de manera estéril, hay que aprender a ponerlo en manos de quienes lo valoren. Entonces sí, aunque el tiempo no pare, al menos no lo estaremos malgastando o perdiendo, en cosas que no nos llevan a ningún sitio.

 

La felicidad no está en las cosas sino en nosotros

 

Ser feliz es el anhelo de todo ser humano

Trabajamos para ser felices.

Buscamos a alguien para formar parte de nuestra vida con la idea de ser felices.
Encontramos espacios sociales y comunitarios con el idéntico objetivo.

Nos hacemos amigos y amigas y con ellos vamos forjando lazos a través de encuentros y vivencias, persiguiendo el mismo fin de la felicidad.

De manera consciente o inconsciente, casi todo lo que hacemos va encaminado hacia la búsqueda de encontrar caminos que nos lleven conseguir esa meta.
Muchas construcciones que tenemos y hacemos son para lograr dar pasos para alcanzar ese resultado.

Sin embargo, nos olvidamos algo tan importante y es la realidad de que la felicidad no reposa ni en los hechos, ni en las personas y mucho menos en las circunstancias; sino en nosotros mismos y en el modo como esas situaciones y esos momentos llegan a nuestro corazón.

Por esa razón, hay personas que no se conforman con nada y todo les parece poco, mientras que hay otros que pueden ser felices con muy poco, o casi nada y como esto es capaz de anidar en nuestro corazón. Hay un dicho antiguo que reza que la alegría no está en alguna cosa, sino a la vera del camino y esto tiene mucho de cierto.

Aprender a ser manada

Hace unos días encontré una foto del fotógrafo francés Cesare Bray en la que se muestra muy claramente el comportamiento de una manada de 25 lobos, que si uno la observa bien, puede aprender varias cosas.

Cuando uno analiza la imagen se da cuenta que más allá de ir en fila, el grupo está dividido en sub-grupos. Los lobos andan de ese modo, por una razón muy particular.

Del relato de Barbara Hermel Bach descubrimos que los tres primeros lobos que caminan en el grupo son los más viejos, o los que están enfermos. Ellos van dando el ritmo a toda la manada. Si fuera al revés, serían dejados atrás, perderían rápidamente el contacto con el grupo y en caso de una emboscada serían sacrificados.

Luego le siguen los cinco animales más fuertes y que tienen la capacidad de defender a los que van adelante. En el centro está el resto de los miembros de la manada. Siendo que al final hay un último lobo, que camina casi solo, se trata del alfa. Él lo controla todo desde la parte trasera y desde allí lidera el grupo.

Así, la manada se mueve según el ritmo de los ancianos, ayudándose el uno al otro y cuidándose el uno al otro.

En algunos aspectos de la vida, otra vez podemos aprender de los animales.