El hombre es un lobo para el hombre

“El hombre es un lobo para el hombre”. Esta frase fue dicha por un pensador unos 250 años antes de Cristo y se refería a las guerras, genocidios, torturas y la crueldad. Según esta idea, diariamente se podía constatar esta condición, la de ser lobo para otros seres humanos.

Hoy ¿la situación ha cambiado? Depende como lo miremos.

Hemos aprendido a convivir y a respetar leyes y nos hemos puesto pautas más civilizadas, pero aún hay muchos aspectos en los que aún seguimos funcionando como una jauría de lobos, especialmente en lo que refiere a la competencia descarnada que se establece a la hora de convivir. Hoy nos vemos envuelto en una sociedad consumista, en la cual la justificación de la existencia de las personas se da a partir del nivel de consumo que cada uno de nosotros es capaz de llevar a cabo.

Los lobos solo se preocupan por lo suyo y por lo que les corresponde a ellos, emprendiendo una batalla si fuera necesario, con tal de conseguirlo.
Sin embargo, los seres humanos estamos llamados a vivir de otro modo

¿No les parece?

Lo que sucede cuando discutimos

Cierta vez observé como dos amigos discutían en una estación de trenes de Buenos Aires. Habían perdido el tren y ambos trataban de echarse la culpa sobre el motivo. Uno decía que era por la valija del otro, mientras que el otro decía que de igual modo hubiera tenido que abordar el tren y que él llegaría a subirse también. Así estaban, tratando de ponerse de acuerdo y ninguno de los dos reconocía su culpa, o responsabilidad.

Cuando discutimos, cada uno de nosotros siempre trata en primer lugar de probar su inocencia. Como máximo, algunas veces reconocemos que nos equivocamos, o que nos faltó comunicación; pero difícilmente reconocemos nuestra responsabilidad. Nos cuesta reconocer que hemos actuado mal

Esta actitud en verdad nos muestra la gran necesidad que tenemos de querer que los demás nos vean con ojos justos. Quizás lo hacemos porque pensamos que al reconocerlo nos podemos mostrar como personas débiles
Sin embargo, la fortaleza no está en el hecho de ser invencibles, sino en reconocernos que desde nuestra debilidad somos fortalecidos por los demás, especialmente cuando podemos entendernos.

Mantenernos, al igual que esos amigos que discutían, en nuestras posiciones sin poder ceder un ápice, solo nos hace sentirnos fortalecidos en nuestra falsa razón, esa que sólo se sustenta a partir de mi punto de vista y no permite ver lo que piensan y opinan los demás.

¿Qué cosas te sostienen ante una dificultad?

En Julio de 2015 la costa misionera del Río Uruguay sufrió una de las inundaciones más catastróficas de su historia.

Apenas el agua había bajado fui a visitar las comunidades que habían sido afectadas. En cada encuentro que tuve, hubo un sin fin de historias y cosas que contar. En cada visita que pude hacer, las lágrimas expresaron lo que las palabras no podían decir.

De manera muy especial me impactó la visita que hice a Marly y su familia en Colonia Aurora. La inundación dejó a tres de sus hijos sin sus casas, mientras que la suya quedó muy destruida. Cuando el agua creció, no tuvieron otro remedio que correr hasta el galpón de un vecino. Trataron de sacar los muebles de su casa, pero lo que no se perdió en la inundación, terminó arruinándose con la lluvia.

Con mucho dolor Marly mostraba desde lejos su casa maltrecha, recordando que “durante tres días la observó con el agua hasta el techo, mientras que se preguntaba cuándo el agua comenzaría a bajar”.

Mientras seguían sin saber qué hacer y sin haber recibido asistencia que los sacara de la situación, le pregunté sobre sus necesidades y ella me dijo que cualquier cosa le serviría. Quizás porque frente a su necesidad, cualquier cosa ya era bastante.

Sólo cuando me estaba despidiendo tuvo el coraje de hacerme un pedido. Me pidió que, a mi regreso, de ser posible le llevara una Biblia.

Sin dudas, queda muy en claro cuál fue su sostén y el de su familia en ese momento tan difícil.

La calidad de vida no está en la cantidad de cosas que uno hace

Hoy en día las personas buscan mejorar su calidad de vida. Esto se expresa en diferentes aspectos, como la comodidad para realizar los trabajos, la vestimenta y la indumentaria que se utiliza, el modo de viajar, la alimentación, entre otras cosas. De diferentes modos, tratamos de que las cosas sean prácticas y que podamos hacer las tareas en el menor tiempo posible y así vivir de mejor manera. Eso no es malo, ya que se pone a nuestro servicio las herramientas que están a disposición.

Según la lógica, la posibilidad de agilizar ciertos aspectos de la vida debería hacer que nos quede más tiempo para vivir y para disfrutar de la vida en sus aspectos más humanos. Pero en verdad pareciera suceder lo contrario: cuanta más práctica es nuestra vida, menos tiempo hay para lo más sencillo, como un encuentro, un mate, una charla, una fiesta, o el sencillo momento para tomarnos un tiempo para reír de las cosas simples de la vida.

Nos quejamos entonces de la falta de tiempo; sin embargo, cabe preguntarnos si no será esa una excusa que pretende eximirnos y escaparnos hacia nuestros refugios egocéntricos.

Quien vive preocupado solamente pensando en sí mismo, corre el riesgo de no poder hallar paz. Una vida abundante, no es sinónimo de justificarse a sí mismo. Para ello no basta con hacer y optimizar el modo de hacerlo rápida y eficazmente, sino de encontrar sentido a lo que hacemos y por qué estamos haciendo cada uno de ellas.

La calidad de vida no está en la cantidad de cosas que uno hace, ni en la velocidad que se realiza, sino en el sentido de cada una de ellas y hacia donde ellas nos están llevando día a día.

El buen trato no depende de tu fe

La convivencia y el buen trato entre las personas no depende de la pertenencia religiosa, ni de la fe, ni tampoco de la cosmovisión que uno posee, sino de las actitudes y los modos con los que uno se dirige en la vida.

Hoy quiero compartir con ustedes una serie de seis puntos que considero importantes en lo que respecta la convivencia y al respeto por los demás y por uno mismo.

1.- Trata a las personas con el mismo cariño que te tienes a ti mismo.
2.- No esperes solo de los demás, primero ponte en movimiento tu mismo.
3.- Nunca hables de lo que no sabes.
4.- Haz lo que te gusta, no lo que los demás hacen.
5.- No esperes a que algo pase, levántate y lucha para que eso suceda.
6.- Jamás olvides de sonreír y tener buena onda con los que te rodean.

Sencillos puntos, para practicarlos y de ese modo poder convivir mejor con quienes te rodean.

Que Dios te bendiga y que tengas un hermoso día.

Envejecer

Llegar a ser ancianos es una bendición que muchos no tienen la posibilidad de vivir. Pero también hay ocasiones, en las que las últimas etapas de la vida son a veces muy duras para algunas personas.

Muchos deben pasar por momentos de enfermedad y de dolor. Otros deben enfrentar la angustia de pasar su vejez en soledad y otros tantos deben sobrevivir en condiciones de pobreza.

Una vez una anciana a la que yo acompañé durante un largo proceso durante su vejez, me dijo que cuando ella era joven tampoco había imaginado que alguna vez sería anciana y que le podría pasar todo lo que le estaba sucediendo. Esto en realidad me dejó pensando y me di cuenta que nos sucede lo mismo a casi todos. Mientras tenemos fuerza ni siquiera nos ponemos a pensar en nuestra vejez.

Esa misma anciana también me dijo que aún en su situación de debilidad, cuando miraba hacia atrás podía dar gracias por su vida y por su historia.
Pensé entonces cuanto tenemos para aprender de algunos mayores. Quizás lo más importante es poder mirar la vida teniendo en cuenta que también nosotros, si tenemos la bendición de llegar a ser mayores, nos puede tocar la misma situación de debilidad. Estando allí podemos imaginar lo mucho que puede significar un simple gesto de amor, que puede transformarse en un tesoro precioso, imposible de calcular.

Si aún eres joven, es momento de comenzar a tomar consciencia de que algún día la vejez también te llegará.

Que Dios te bendiga en la toma de conciencia y en la búsqueda de sensibilidad.

¿Existe la vida más acá de la muerte?

Preocupados por si existe la vida después de la muerte muchos se olvidan de vivir la vida, de este lado de la muerte. Me estoy refiriendo a las condiciones de vida que nos damos y que generamos alrededor nuestro.

Frente a la pregunta que cuestiona la existencia de vida después de la muerte, deberíamos anteponer un par de cuestiones y preguntarnos, por ejemplo: Si existe vida más allá del consumo desenfrenado con el que intentamos justificar nuestra vida y consolar nuestra tristeza. O si existe vida más allá de la competencia descarnada o la liviandad con la que nos manejamos en los diferentes aspectos de la vida; e incluso preguntar si existe vida más allá de la falta de diálogo o después de la destrucción del medio ambiente que estamos llevando a cabo como consecuencia de nuestra comodidad y egoísmo

¿Existe vida?

Mientras que la pregunta sobre la vida más allá de la muerte cuestiona a Dios, las que hemos esbozado recién, nos cuestiona y nos compromete a nosotros, como seres humanos.

Quizás nuestra tarea más importante pasa por poder generar condiciones dignas y plenas, más acá de la muerte. Lo demás dejemos en las manos de Dios o de la esperanza.

¿Qué significa la felicidad?

En nuestra sociedad occidental el concepto de felicidad casi siempre está asociado a progreso económico y bienes materiales. Quienes tienen dinero y encima progresan en la vida, se da por sentado que son felices.

La realidad nos indica todo lo contrario. No son pocas las ocasiones en la que el progreso económico y las riquezas, en vez de felicidad, generan divisiones y odio entre las personas. Pensemos simplemente los casos en los que una sencilla división de herencia puede llegar a generar conflictos difíciles de superar en algunas familias.

¿Por dónde pasa entonces la felicidad? ¿Es esto realmente posible?

Tal como dijimos, según los términos contemporáneos, la felicidad se alcanza a partir de bienes y progreso económico, pero eso casi nunca se da a través de ese camino, porque solemos poner nuestro egoísmo por delante de todo y es allí donde sobrevienen los conflictos y la búsqueda de la propia tajada.

Cierta vez Jesús le habló a un grupo de personas desamparadas y les dijo que son bienaventurados los pobres, los que tienen hambre y sed de justicia y los que lloran. Nosotros hoy podríamos decir “bienaventurados lo que necesitan a Dios y no se quedan pensando todo en la vida desde su egoísmo”.

Sin dudas no es posible hablar de la felicidad plena, pero sí podemos encontrar contención y sentirnos amparados, cuando comprendemos que no todo lo que pasa en nuestra vida puede comprarse o solucionarse con dinero.

Entonces, quizás también podamos sentir que somos bienaventurados.

 

 

¡Cuidado con lo que deseas para tus hijos!

Cuando Pablo era niño no tuvo todos los juguetes que hubiera querido, ni tampoco recibió todos los regalos que anheló. Cuando se hizo adulto y fue padre, quiso dar a sus hijos todo lo que él nunca había tenido y trabajó duramente para que eso ocurra.

Lentamente su negocio comenzó a florecer y parecía que su deseo se iba haciendo realidad.

Su comercio creció más de lo que él mismo había imaginado, lo que facilitó el camino de tratar de dar a sus hijos todo lo que él mismo no había tenido.

El tiempo fue pasando y en un determinado momento Pablo ya casi no tenía sábados, domingo, ni feriados, e incluso consideraba que tomarse vacaciones era una pérdida de tiempo. Lo único que nunca perdía de vista era la meta de dar a sus hijos lo que él no había tenido.

A esta altura quizás te estés preguntando si Pablo logró cumplir con su objetivo. Cierta vez alguien le hizo esa misma pregunta y él solamente la pudo responder después de mucho tiempo, cuando con dolor tuvo que reconocer que durante su niñez nunca había tenido un padre agobiado, mal humorado, preocupado y ansioso por el trabajo y sin embargo fue eso lo que finalmente había terminado dándole a sus hijos.

¡Ahora ellos tienen lo que yo nunca tuve! Concluyó en su reflexión el apesadumbrado padre.

Tengamos mucho cuidado con lo que deseamos para nuestros hijos. Esta historia nos pone en alerta para revisar nuestras opciones y elecciones de vida.

 

 

Hay razones para ser optimistas

El siglo 20 se caracterizó por tener el récord de la mayor cantidad de guerras de la historia de la humanidad. ¿Será el siglo 21 el siglo de la paz? ¿Seremos los seres humanos capaces de distribuir mejor nuestras riquezas para favorecer a los más débiles?

Cuando escuchamos las noticias no tenemos el mejor de los alientos.

Sin embargo, hay razones para ser optimistas y tiene que ver con el hecho de que la historia la construyen seres humanos, es decir, nosotros. Y esto es muy valioso, porque quiere decir que podemos cambiar la historia, parte de ella, algunos de sus aspectos, o al menos lo que está cerca de nosotros.

¿Cómo se construye un mundo de paz y más justo?

Comienza, como todo lo importante, por nuestra casa.

Construir una sociedad diferente, depende de nuestro modo de involucrarnos como ciudadanos

Construir un mundo más justo en lo que refiere a la distribución de los bienes, empieza por el modo como ejecutamos nuestros vínculos laborales ¿pagamos bien? ¿Somos justos?

De nada sirve escandalizarnos por la pobreza en otro continente, si somos injustos, no valoramos a quienes están cerca de nosotros y tratamos mal a quienes están a nuestro alrededor.

Comprenderás ahora por qué parte de la historia depende de nosotros. Decíamos que el siglo 20 se caracterizó por la gran cantidad de guerras y nos volvemos a preguntar si el siglo 21 será el siglo de la paz. Depende en parte de nosotros.